Amarillo: un capítulo muy cinéfilo

Para los que habéis leído el libro de La inspiración dormida ya sabéis que hay un capítulo muy cinematográfico y en estos días en que se habla tanto de algunas películas que recuperan ese espíritu fílmico de antaño, yo os voy a contar algunas anécdotas de ese capítulo-homenaje al séptimo arte.

Sé a ciencia cierta que Silvia, la escritora, es una cinéfila de pro y que le hacía especial ilusión dedicar un capítulo a este tema. Cuando llegó el momento, tenía unos referentes muy claros en su mente: el cine clásico, el cine de los años 20 y 30, cuando se abandonó el encanto de la mudez de los actores para pasar a descubrirse sus voces. De hecho, este cambio radical del cine supuso la desaparición de algunos actores o directores que no supieron adaptarse a los nuevos tiempos y algo de esto nos lo recuerda Chaplin en su intervención en el capítulo (de hecho, ya había sido el tercero en discordia en el relato “Hazme el humor”, ¿os acordáis?):

-¡No, no, no! Esto no tiene ningún sentido. ¡Maldito cine sonoro!-se lamentaba-. ¿Dónde estás, inspiración?

Volviendo a  La inspiración dormida, Charles Chaplin se queja del cine sonoro y es que fue uno de esos creadores que se negaba a dar el paso definitivo. Buen ejemplo son sus películas Luces de la ciudad (1931), donde incluye música, pero no voz de los actores o Tiempos Modernos (1936) que es la película homenajeada en el libro y que discurre entre el cine mudo y el sonoro.

Pero no sólo aparece Chaplin, también tenemos un inmenso homenaje a los Hermanos Marx, a los que Silvia vio en tantas ocasiones en su infancia y que sé a ciencia cierta que a David le hizo especial ilusión ilustrar. Esa escena del camarote de los Hermanos Marx de Una Noche en la Opera (1935) en la que nos colamos Carmesina, Griselda y yo es tan mítica que merece la pena revisitarla:

Pero por esa gran fábrica de sueños que es Hollywood y sus grandes estudios también aparecen otros personajes que nos dejan su impronta: Oliver y Hardy (o el Gordo y el Flaco), Shirley Temple, Errol Flyn y uno de los bailes más famosos entre Astaire y Rogers al ritmo del archiconocido Cheek to cheek. ¿No os recuerda una escena que está muy de actualidad de una película premiadísima últimamente?

http://www.youtube.com/watch?v=DyfqW6td-yA

Con el son de esta canción, el halo y la magia del cine clásico, os dejo… Umm, pero me ha gustado tanto la experiencia de colarme en una película que no puedo dejar de soñar con volver a tener una aventura fílmica. Y es que de eso se trata, el cine como los libros son fuente de inspiración y las películas son lugares de sueños como lo es el propio mundo de los colores olvidados.  Porque de alguna manera cine y literatura, literatura y cine siempre, siempre, están interconectados.

THE END

2 comentarios el "Amarillo: un capítulo muy cinéfilo"

  1. Paloseco dice:

    Si Chaplin tiene obras maestras dentro del cine mudo no lo es menos “El gran dictador”. Donde Charles aprovecha su voz para hablarle al mundo por boca de un barbero. Y es que los grandes saben aprovechar todos los recursos.
    Muchas gracias por el homenaje.

    • Gato Negro dice:

      ¡Gracias por ese apunte, Paloseco! Aunque parece ser que a Chaplin no le entusiasmaba el cine sonoro, supo utilizarlo en su beneficio para crear esta obra maestra que es “El gran dictador”. Película que merece ser revisitada. En cualquier caso, también hubo muchos directores y actores que nunca dieron el paso al cine sonoro y, no por ello, hay que desmerecerlos porque,¿qué sería la historia del cine sin Griffith, sin Murnau o sin Erich Von Stroheim, por poner un ejemplo?
      Mil gracias por participa en el blog.

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