The bluesman

Riley es uno de esos relatos que gusta de manera especial a los que les apasiona la música. Supongo que la relación de cariño y amistad entre el niño y la guitarra surte ese efecto.

Este Gato negro que os habla sabe a ciencia cierta que a la autora le gustó especialmente escribir este relato porque supuso hacer un viaje hacia otro tiempo y otro lugar y eso siempre es un reto: investigar un poco la época, leer sobre la sociedad de aquel momento, crear algún que otro personaje outsider, buscar el mayor verismo posible dentro de la ficción, etc.

La imagen que inspiró este relato sobre la amistad es un diseño de una camiseta que no llegó a ver la luz. La imagen de un hombre ya entrado en años tocando su guitarra. Aquella imagen tan evocadora tenía que tener su propia historia, así que ¿por qué no contar la historia de ese hombre desde el principio? ¿Por qué no humanizar a un objeto inerte como una guitarra? Es más, ¿por qué no inventarnos una historia sobre un personaje real?

Y así nació esta historia de amistad, al estilo de las road-movies, inspirándonos en B.B. King y su guitarra Lucille. Eso sí, aquí hago un inciso, la historia que relata este cuento sobre el niño Riley es totalmente inventada. Puede que la realidad no fuera tan distinta, pero lo único seguro de este relato es la existencia de Lucille -y sus sucesoras- y el cariño que B.B. King siempre ha demostrado por su adorada compañera. Lo demás, todo ha sido producto de la imaginación.

Todo esto para recordarnos la capacidad de superación del ser humano, a pesar de determinadas situaciones, y sobre todo, el valor de la amistad entendida como algo que suma, que complementa, que apoya en los buenos y malos momentos y que nunca, nunca limita o es egoista.

Por cierto, aquí tenéis la reinterpretación que hizo Carmesina de la portada del álbum de B.B. King “Take it Home”, que aparece en el Diario de apuntes de Carmesina. En realidad, obra y gracia de nuestro ilustrador David Garcia.

Esta entrada se la dedicamos, Gato negro y el equipo del libro, de manera especial a Víctor Gracia, por ser uno de sus cuentos favoritos.

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